A la calle vertical le sobran números, direcciones, letreros y señales, pero ninguno puede verlas, mientras tanto comienza a inundarse y yo no puedo salir, sujetando mi cuerpo a la manija de la rechinante puerta de madera, veo pasar toda una marea de gente que va morir.
di-sonante
Blanco, blanco, negro, blanco, negro, sombra, blanco, nada. Una música que muere y nace todo el tiempo, mientras llora, transpira, se ahoga, con los ojos cerrados, los brazos en un abrazo, nada nadie. Afuera, muy en el fondo, cobijado, muriendo de soledad, afuera, adentro muriendo de soledad. Sangre, roja, el piso, rojo, verde, verde, rojo, rojo, verde, verde, nace, se pudre. Las tres de la mañana, las tres de la tarde, las tres sonrisas, esas tres mujeres a las tres de la mañana, disfraces, alcohol, acondicionador, sexo, sexo, disfraces, tres mujeres, uno, dos, tres. El punto intermitente de suspenso, suspendido, silencio, respiración, exhalación, agonía, proyección, transpira, late, se retuerce, piel, vacío, piel, piel, piel, unos ojos, algo que mirar, una lengua, una gota, que recorre el final de una botella, un gota, el final, la mesa, el final, una lagrima en la mesa. La parte de calma, el violín, saliva, violín, a sin to matico, síntoma, hablar solo es un síntoma, nada, de nada, violín, de nada, saliva. La frase se repite una y otra vez, sombra, sombra, sombra, sombra. Siempre fue así, aún en un momento de calma, cuando se tensan los dedos en la espalda, calma que no es calma, blanco, que no es calma, negro, que no es nada, que no es calma, negro, blanco, blanco, blanco, nauseas, negro, nada.
La verdad

Tengo al tiempo atrapado en un cuadro, abstraído en el espacio. He oído que afuera todo el tiempo amanece, hace frío, todo comienza hasta el final del día, un cuerpo estremecido por la nausea, golpeado por el dolor, temblando.
El océano esperando a otro océano, ese hombre que espera siempre a la misma chica cuyo cuerpo ha escondido debajo de la cama cuando aún tenía algo de lucidez, esa luz.
Lo único que le da contornos a este espacio es la verdad, esa que la luz oculta, que una sonrisa oculta, unas lágrimas, un beso, esa verdad que me puede dejar irremediablemente solo, como cada uno de los seres que están ahí afuera, solos pero llenos de lucidez.
El océano esperando a otro océano, ese hombre que espera siempre a la misma chica cuyo cuerpo ha escondido debajo de la cama cuando aún tenía algo de lucidez, esa luz.
Lo único que le da contornos a este espacio es la verdad, esa que la luz oculta, que una sonrisa oculta, unas lágrimas, un beso, esa verdad que me puede dejar irremediablemente solo, como cada uno de los seres que están ahí afuera, solos pero llenos de lucidez.
Un cambio de vida, aunque no hay ningún cambio realmente, un cambio en la forma de mirar, de hablar, de escuchar, aunque el rostro sea el mismo, el tono de voz el mismo, aunque sea la misma persona. Un paso a la vez, todo empieza a ser más claro, un paso a la vez para sentir el tiempo.
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LABERINTITIS

Recorrer esta avenida, y las otras, recorrer estas calles y pensar, me sitúa, me busca un espacio en el que mi cuerpo nada tiene que ver. Mientras camino, me imagino caminando en otras calles, me imagino caminando en algún callejón de New Nebeltown una pequeña ciudad en la costa del Mar del Norte a 270 kilómetros de Ausgangstadt, me imagino la niebla, me imagino una vida distinta. Pienso cómo sería yo si hubiera nacido allá. Supongo que ahora estaría caminando y pensando en mi vida y mi existencia, tal vez un poco más alto, envuelto en un sobretodo largo y negro. Mi madre, que aquí intenta mantener todo controlado y en cierto orden, allá seguramente intentaría, en silencio, ocultar los vacíos y fracasos de la familia, casi lo mismo. Mi padre habría inventado algún extraño artefacto electrónico de esos minúsculos y prescindibles, aquí solo arma pequeños objetos hechos de otros objetos que a veces encuentra botados en la calle y que le parecen útiles y, en cierto modo, poéticos, así como una armonía universal en donde cualquier objeto encuentra su lugar exacto en la forma de otro objeto, como un tornillo que alguien lanzó de un avión rumbo a Chile acaba de manija en un refrigerador que vino desde Holanda.
Pienso también que en New Nebeltown tendría uno de esos autos pequeños que utilizaría a veces, porque me gustaría caminar solo y pensar cómo sería mi existencia si viviera en un país lejano, desconocido, en un continente del sur, como éste, Santa Ana de Aédila; ciudad siempre quiso ser un puerto, incluso tiene un faro, desde el que se puede ver toda la interminable planicie de arena negra. Me imaginaría, tal vez, caminando por una avenida de esa ciudad, llena de losetas hexagonales y árboles pequeños y agonizantes, tal vez sería un poco más bajo, tendría una camisa suelta, de esas sin cuello, como ahora.
Hace frío, el sol está a punto de desaparecer, y en esta avenida han cortado la luz, no sé porqué, solo se ven las luces de los autos que vienen en contra, encandilándome, todo lo demás está sumamente oscuro. Supongo que en Nebeltown seguiría caminando hasta llegar a una café, no me importaría quedarme con el sobretodo puesto, pues es algo que siempre me gustó hacer. En una de las mesas me encontraría dos amigos, un pelirrojo de pecas y extraña sonrisa, amigo de la infancia y un emigrante hindú que conocí recientemente. Pero no me quedaría en su mesa y me iría a otra esperando a alguien.
La avenida continua oscura y el viento es cada vez más fuerte y frío. Se me ocurre decir en voz alta todo esto. No, ahora lo digo en voz alta. No, ahora no, pasó un tipo mirándome raro, como siempre que me descubro (o me descubren) hablando solo. Hay también una mujer en la avenida, caminando delante de mí, la veo sólo de espaldas, ha debido oír algunas cosas que dije y creará que estoy loco, en fin, desde aquí parece hermosa, y no me importaría acompañarla por unas cuadras más. Tiene el pelo negro, lacio y oscuro con un brillo peculiar que le da el contraluz de los autos, y el viento, el viento recoge su pelo y deja ver su cuello, largo y delgado, eso es lo hermoso. ¿Qué estará pensando?. No, no debo decir nada, no debo decir esto en voz alta. Ahora sí, otro tipo ya pasó de largo y no le importó que masculle palabras incoherentes.
Yo aún debo seguir esperando allá en ese café, pienso que el reflejo de la ventana, mi reflejo en esa calle, me haría pensar y olvidarme del tiempo. Qué podría estar pensando, en una historia tal vez, imaginándome aún en esa avenida enlosetada llena de árboles, apresurado por llegar a una cita.
Liam dice ella, el instante mismo de sentarse a mí lado en el café, sacándome de esa avenida bruscamente, ella, una mujer de pelo castaño, ojos azules, pálida y de labios carnosos, Maren. En qué piensas, me dice.
Empiezo a temblar a cada golpe que da el viento. Caminar por la calle cerca de los autos me da un poco más de distancia de esa mujer, sigue ahí, de espaldas, recorriendo la misma ruta que yo a unos cuantos metros, pero debo volver a la acera, aunque ella crea que la estoy acosando, de todas formas corro más riesgo de este lado, a punto de ser golpeado por una luz encandilante, o más probable aún, un auto sin luces, la esquina izquierda del parachoques golpearía violentamente mis piernas y me voltearía hacía el lado de la puerta, con la posibilidad, ya en el piso, de que la rueda trasera pase por mi brazo.
Liam en que piensas, ¿hey, me oyes?, dice recorriendo mi rostro, como un escáner, En nada concreto, le digo, pienso en mí en otro lugar, si viviera en otro país, en Santa Ana de Aédila tal vez, qué estaría haciendo, caminando apresuradamente, retrasado para una cita; de repente iría más lento, distraído con una mujer que camina delante de mí, pensando en su rostro oculto, porque eso es lo que hago siempre, pensar en cosas que se esconden en laberintos. Pero no dejo de pensar que él, caminando ahí detrás de esa mujer, me está engañando, y que esa mujer en realidad no existe, pienso que aún sigue caminando en esa avenida, solo.La noche se hace cada vez más oscura, y ella camina más rápido, y yo empiezo a acelerar también para pasarla de largo, para que ella vea mi espalda y sea ella ahora la acosadora, pero por más que intento ella siempre está un paso delante de mí, pero nunca voltea a verme, seguramente está aterrada y siente mi presencia. No puedo correr, eso la pondría más nerviosa. Aún falta un buen trecho sin luz en toda la avenida.
¿Pero no quieres saber lo que pienso verdad Maren?, Es una historia más, Es que aquí no soy feliz, le digo volviendo a verle los ojos, Aún me siento extraño y sin lugar. Maren ahora me mira y empieza a hablar de nosotros, para eso vino. Me dice que deje de hablar bajo y le diga de una vez que quiero de ella. Fuimos novios por casi un año, y ahora nos vemos después de un tiempo, algo pasó cuando nos volvimos a ver y ahora no la dejo ir porque odio estar solo, nunca he estado solo, en esa avenida si lo estoy, y tal vez por eso sigo caminando detrás de esa mujer que parece empezar a correr. Entonces pienso, aquí en Nebeltown no tengo que estar persiguiendo a nadie, solo estoy sentado en un café esperando que una mujer vuelva conmigo, ocultarle yo el rostro y jugar su juego de dudas.
Ella sigue corriendo, a veces creo perderla de vista en la oscuridad, pero cada que pasa un auto está ahí, su silueta, cada vez más cerca. No entiendo porque no se entra por una calle y simplemente aparenta que ese es su rumbo, hasta que yo pase y se cerciore que no la estoy siguiendo. El tramo sin luz se termina, es mejor detenerme.
Maren ya debió terminar su discurso, ahora se supone que debo dejar de pensar en mí, mirarla a los ojos y decirle que, pese a esa duda, no importa, quiero volver, que los riesgos son importantes, debería tomarla de la mano o darle un abrazo y decirle que nada a cambiado, que yo soy el mismo de los meses anteriores, que no estoy en una avenida oscura, tropezándome con las piedras, en Santa Ana de Aédila, detrás de una mujer que no conozco, persiguiéndola no sé porqué. Debía decirle que es mejor tenernos el uno al otro que vivir el vacío de cada día, caminando sin rumbo por las calles y la niebla.
La oscuridad de la avenida terminará en unos metros más, me detengo, no puedo seguir, aunque mi destino termina muchas cuadras más allá, no puedo seguir persiguiéndola de esa manera, no puedo ir detrás de una mujer así. Pero ella deja de correr poco a poco, lentamente oigo morir el sonido de sus tacones en el asfalto. Ahora estoy parado en medio de una avenida iluminada, ella está frente a mí siempre de espaldas, respirando agitadamente. No quiero avanzar, solo bajo de la acera y me alejo hacia la calle lo más que puedo. Cómo quisiera que ella se diera la vuelta.
Estoy esperando, me dice Maren, casi como un susurro, como si en las últimas dos sílabas ella se hubiera arrepentido de decir esas palabras y quisiera que volvieran a su boca, tiembla y sus ojos empiezan a llenarse de lágrimas. El tiempo se ha detenido en el café, siento que no la volveré a ver, ella sabe que somos tan sólo una historia, llora por mí no por ella. Yo sin más quiero dejarme llevar, decirle al oído que todas sus palabras tienen sentido, que ella tiene sentido, aunque ahora sea cada vez más difícil distinguirle el rostro.
Está esperando, pero no sé que hacer, podría caminar hacia ella, lentamente, rodear su espalda con mis brazos y besarle el cuello. Podría caminar y pasar por su lado, seguir, hasta que ella vea mi espalda, y entonces sentir otra vez el sonido de sus tacones en el asfalto, para que ella siga mi camino, para que haya la suficiente distancia de por lo menos media cuadra que conviertan a esto en una mera casualidad. Podría simplemente cruzar la calle, doblar a la izquierda e irme, pero no sé, no puedo hacer nada.
Mi reflejo en la ventana, mi reflejo en la calle la observa irse, sigue caminando hasta perderse, solo su pelo al viento, nunca vi su rostro, se fue sin una respuesta mía, supongo que quería que la siguiera, hasta el final, más allá de la avenida oscura, porque aquí y allá son las 3:30 de la tarde, solo que aquí la noche llega más temprano.
Luis Brun
ahora que empieza...
Hasta ahora han sido todos gritos ahogados tratando de no desaparecer completamente, la debilidad de la carne ante la inminente posibilidad de ser herida de muerte, el temblor de los huesos ante el camino de sangre, camino a más sangre.
Y ahora qué, ahora que los gritos y las convulsiones han pasado, ahora que ya no queda mucha sangre, ahora que la vida se ha mostrado tal cual es, muy lejos, más cerca el mar, más importante navegar.
Quedan muy pocas cosas, como debe ser, como lo exige el paso del tiempo. Un puñado de gente acompañándome, en la casualidad del laberinto, muchas ideas (para preservar, para destruir, para construir, para perder, para ganar, para amar… para desaparecer) destrozando con sus raíces mis sueños, no más noches tranquilas hasta que llegué la última,
noches inconclusas que le rezan al tiempo y han perdido la dimensión del espacio.
Y ahora qué, ahora que los gritos y las convulsiones han pasado, ahora que ya no queda mucha sangre, ahora que la vida se ha mostrado tal cual es, muy lejos, más cerca el mar, más importante navegar.
Quedan muy pocas cosas, como debe ser, como lo exige el paso del tiempo. Un puñado de gente acompañándome, en la casualidad del laberinto, muchas ideas (para preservar, para destruir, para construir, para perder, para ganar, para amar… para desaparecer) destrozando con sus raíces mis sueños, no más noches tranquilas hasta que llegué la última,
noches inconclusas que le rezan al tiempo y han perdido la dimensión del espacio.
Y todas las raíces que horadaron el suelo, esperaron hasta volverse polvo, y las hojas adormiladas por el cielo, regalaron su camino a la gravedad, entonces, fue el principio.
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Qué soy yo ahora dando vueltas en mi cama, un montón de átomos oscuros, de la nada su corteza, un arbol sin raices, flotante a la deriva, un cuerpo que va corriendo en el mismo lugar, en el mismo tiempo, en el mismo hueco.
Iris I
un artificio mecánico acaricia tus piernas y encuentra verdad al estremecer tu piel
cuidadosamente quito las sombras de tu rostro, para quedarme con un paisaje de vertigo,
la emoción indefinible
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cuidadosamente quito las sombras de tu rostro, para quedarme con un paisaje de vertigo,
la emoción indefinible
EL VIAJE

Desbordado de soledad asisto a la última agonía de esa cama oscura, hundida, con olor a desilusión. Esparzo el humo de un cigarrillo velando también las cartas de todas las personas que ya no están en este tiempo detenido en la vereda, encrucijada. A esas personas solo les queda el crujir de la madera, las tardes de mayo que se escapa una y otra vez de las manos; están hechas de palabras, falsas, ocultas, otras pero las mismas ante el reflejo. Que se desgasten ahora todas las naves, que se hagan más palabras y más vestidos, para salir de aquí, de este cuarto y de este tiempo, llevar esta fe que flota en el aire como polvo de cosas guardadas, mi mano que se quiebra intentando versos, ella, anónima luctuosa y radiante, mis sueños agazapados arrancándome la cabeza. Arder, qué difícil.
un día
qué día es hoy
dónde debe ser marcado
en qué hojas debe ser escrito
para recordarlo
separarlo de los otros días
que esperan igual oscilantes y perdidos
qué día es este sacado del sol y el sueño
que se repite un espejo tras otro
ya no es,
no es uno
existe solo en este espectro amorfo
tiempo detenido
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dónde debe ser marcado
en qué hojas debe ser escrito
para recordarlo
separarlo de los otros días
que esperan igual oscilantes y perdidos
qué día es este sacado del sol y el sueño
que se repite un espejo tras otro
ya no es,
no es uno
existe solo en este espectro amorfo
tiempo detenido
