
1.
El sonido de unos bronces me despierta. Tocan los platillos al momento que se rompe un baso con cerveza y se derrama en todo el césped. El trompetista me mira un tanto curioso mientras infla lo pómulos y frunce el ceño. Yo solo soy una criatura más, que despierta, como todo en ese momento. Puedo correr, gritar, bailar, en ese momento regalado por el olvido, regalado por lo que llaman final. Ellos, los otros que me rodean, abren los ojos, dejan que la claridad del cielo entre con violencia, que el frío recorra sus cuerpos. Yo aún no me levanto, me distraigo viendo como la tierra absorbe la cerveza. La banda también despierta aunque ha estado tocando toda la noche, parando de vez en cuando, solo unos minutos; el del bombo da algunos giros a los lados y suspira levemente, pero no hay rastro de sueño en su rostro, cansancio sí, pero eso es otra cosa. Veo que hay más bandas en toda la avenida, sus sonidos se mezclan con ésta y se vuelve una sinfonía de la madrugada, de la espera. Tengo sangre en las manos, veo que son unas minúsculas cortaduras en la palma de mi mano, pero no tienen importancia, en el mareo y la niebla azul que se alejan lentamente de mi cuerpo recurro a unos labios que pueden cauterizar la herida, una cintura por la que puedo recorrer el camino de retorno a la vida, unos brazos en los que puedo volver a cromar la ciudad de su habitual verde pantano. Pero no puedo aferrarme demasiado a ese cuerpo, puede ser producto de la mañana y el sueño enterrado en las horas de espera, porque ahora todo es nuevo, sin nombre, no conozco a nadie, ni una sola de estas calles.

1 comentarios:
a la mierda!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Publicar un comentario en la entrada