LA CUEVA III

1
Mi cuerpo colapsa poco a poco, tanto estar cerca del deadline te hace débil, creo que he llevado a mi cuerpo a un nivel oculto, oscuro, en donde todo arde, en donde nada se mantiene en pie. En la cueva en realidad no me protejo de nada, es donde más expuesto estoy a mi mismo, a las sombras que se proyectan, a los miedos.

2
Intento imaginarme que está pensando ese tipo al verme, tal vez nada, que seria lo peor, porque de alguna forma quiero dejar alguna impresión, tal vez cree que soy uno de eso tipos difíciles de tratar, no puede esconderlo en su rostro, siento que alguna de sus preguntas son solamente para que el tiempo transcurra, mira el reloj todo el tiempo, yo parezco responder bien a las preguntas, pero siempre con unos segundos de retraso, como si tuviera un virus o algo así, claro, analogías de computadoras, no tiene nada ver con la prostituta con la que me acosté ayer.

3.
Tengo recuerdos buenos de ella, en especial porque por un momento no parecía una prostituta, no de esas que todos se imaginan, y es justo en ese momento en donde más prostituta parece, de las que nadie se imagina. Me hundo en su cuello como un pez que se acerca al mar apunto de ahogarse, no digo nada, solo me hundo, y quiero perderme, solo atino a abrazarla torpemente, a medias, mal, como si se fuera. Ella solo observa ausente, pero sé que en el fondo ha sentido su soledad como nunca. Tengo recuerdos buenos de ella, los suficientes para escaparme de esta entrevista. Porque se que él esta esperando que se termine el tiempo de cortesía para mandarme a la mierda sutilmente. Entonces mira el reloj, abre la boca, pone gesto de lastima y solemnidad al mismo tiempo y suena el teléfono, entonces, es como si se le hubiera atragantado algo en la garganta. No se decide si despacharme y atender o atender y despacharme, seguramente calcula el tiempo que tardaría en despacharme, lamentablemente no es suficiente como para, además, atender el teléfono después, no sería educado decirme simplemente “lo llamaremos, hasta luego”, no, hacen falta algunas palabras para que tenga la conciencia tranquila, algunas palabras más que empiece con, “mire…”, y luego hagan una pausa que de a entender “yo quisiera contratarlo pero en este momento…”, algo así, y para eso se requieren más o menos 3 a 4 minutos, así decide contestar, no sin antes sonreír y decirme casi como un susurro, “ un cachito”. Un tiempo más para la agonía.

4.
Entro en el letargo de siempre, el letargo de todos los jóvenes de mi generación, y me refiero a gente que no es joven, o al menos no parece tan joven, y no tienen una generación específica. Simplemente me hundo en el sillón y me rehúso a pertenecer a este espacio y a este tiempo. Empiezo a sentir lastima por todos incluyéndome a mí, todo parece tan simple y a la vez absurdo. Empiezo a reír. Termina de hablar por teléfono.

5.
Su expresión cambia completamente, ahí sentado el delante de un escritorio, en su fortaleza, tal vez en su propia cueva, y yo del otro lado, en sus manos, si más protección que mi elevado ego. Pero su expresión cambia, no es ya de conmiseración, claro que se sorprende con mi risa, se nota, pero hace que no ha pasado nada, esta más concentrado en esa otra expresión que perdió porque seguramente lo que iba a decirme también cambió, ahora es más bien susto lo que veo, pero no tiene nada que ver conmigo, luego desesperación, seguramente eso si tendrá que ver conmigo, cuando algo turbado y aún en ese lugar en el que le dejó la llamada me dice “quisiera que vuelvas el martes, empezarás con un trabajo sencillo para que nos vayamos conociendo”, luego sonríe quebradamente y espera mi respuesta, yo solo asiento con la cabeza y luego digo “ok” le doy la mano y me voy, el sigue ahí y supongo que seguirá ahí sentado, asustado en su cueva, no puedo evitar sentir curiosidad por saber qué le dijeron en esa llamada.

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LA CUEVA II

1.
Al principio los seres humanos dibujaban en sus cavernas, dibujaban lo que veían, se dibujaban a ellos mismos, intentaban comprenderse a través de esas imágenes. En esta mi caverna hay muchas cosas que intentan explicarme, que muestran lo que veo y siento, pero también lo que no puedo ver, las realidades de otras personas que pasaron a ser mías. Qué pesaría un antropólogo de siglo treinta, si descubriera entre los escombros todas las cosas que hice, que significado les daría, que conclusión sacaría de este mundo, de esta ciudad.

2.
No se lo que es el camino al infierno, pero puede ser muy parecido a esto, el insomnio es constante, así como todas las imágenes que pasan por mi cabeza. Uno tras otro pensamiento mientras la noche no se acaba. La noche me gusta, amo la noche, pero esta no termina y me parece curioso. De todas maneras aquí es calido, acogedor, viscoso, nublado, abstracto, no quiero salir de esto, esto que no puedo definir pero que fácilmente me aleja de eso que esta afuera. Sale el sol, otro día, abro la ventana, un tenue humo entra e impregna las paredes.

3.
En las noticias dicen que hay otro incendio en las montañas, el humo llegó a la ciudad y hay cenizas en el aire, eso último creo haberlo notado solo yo. Es época de vientos. Siento que había descansado en el círculo del purgatorio y de todas maneras vuelvo al infierno de camino al infierno, aunque en realidad el infierno no es como me lo imagino. Educación católica, ella me hace pensar en el cielo y el infierno mientras me hago un nudo de corbata, estoy muy cerca de romperme algún hueso del cuello, y listo, sería un hombre bien vestido ahorcado en medio de un baño, uno más.

4.
Mírenme, mírenme si pueden, no, no pueden, no como yo me veo ahora. Tal vez para ustedes soy un tipo normal en terno caminando hacia su trabajo de ocho horas al día, trabajo modesto pero agradable, de todas maneras lo importante es sostener a la familia, eso es digno, sostener a la esposa, sí, la esposa, y seguro que uno o dos hijos. Sí, tal vez así me ven. Quién soy realmente, y a dónde quiero llegar, preguntas absurdas en un país en donde lo importante es sobrevivir… aunque creo que estas preguntas son vitales, justamente por ser de este país, por ser yo este país.
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