LA CUEVA I
1.
“Soy lo que invento, soy nada” suena la canción, como apaciguándome en la soledad, me siento quebrado.

2.
Si alguien me pidiera, tal vez en algún interrogatorio, que describiera la habitación del crimen, podría decir que es una cueva, que tiene casi toda su superficie es oscura, salvo partes circulares, así puedo definirlas, o sólo así puedo definirlas, circulares y tal vez oblicuas, es eso, eso amarillo y tenue. Es una cueva, es un cuarto, es una luz, es una luz muy débil. “Todo lo que brilla en mí no es más que lo que me empaña” dice otra canción, y pienso que esa música tiene toques más oscuros que la letra, aunque la letra es más explícita en su dolor, la música parece sacada de lo más profundo del sufrimiento acantilado del corazón, guardado con siete llaves. Entonces me pregunto porqué pensé en un acantilado, tal vez por lo abismos, los abismo y los puentes ardiendo. Había oído hablar de puentes, pero no de puentes ardientes, me sorprende, tal vez de manera exagerada en ese momento, el hecho de que ambos puentes tenían que cruzarse.

Yo los cruzo todos los fines de semana, pagando para que te quedes una hora más, porque antes me inventaba cualquier excusa estúpida para que no te vayas, ahora ya no me crees, entonces tengo que pagarte e inventarme una excusa estúpida. A veces quiero mandarte a la mierda, pero, no solo eres vos.

La que debería mandarme a la mierda eres vos, pero sigues, y, aunque con cierto recelo, un tanto actuado, recibes siempre mi dinero, y vuelves para quedarte “solamente un rato”, y luego presionar. Deberías mandarme a la mierda, creo que en realidad no necesitas el dinero, y pues puta no eres, o sea, de las que cobran por hora, de las que cobran, no, no eres, aunque cobras por hora, pero, no solo eres vos, no eres vos, son muchos y de todo tipo.

3.
Me empieza a doler la mano, creo que mi cabeza esta entrando lentamente en la pantalla de la computadora, entonces corto y pego, stop, play, la veo, y la vuelvo a ver, y digo, a vos si que no te pagaría nada, y la vuelvo a ver aunque sé que la toma es perfecta y sé exactamente donde cortar, pero la sigo viendo una vez más, entonces sonríe a la cámara, muestra los dientes, sonríe y luego otra vez esa cara de palo, creo que ya me sé de memoria su rutina, y le digo “rutina”, porque la he visto demasiadas veces, es ella, siempre, viva, viviendo, existiendo, pero ya es una rutina aquí, en este cueva y en ésta pantalla, a ella no le pagaría nada, ni un minuto, sin embargo, la sigo viendo.

Entonces pienso, me gustaría relacionarme contigo, “vos la de la pantalla” te digo, hablo solo, es raro, usualmente hablo solo, pero no cuando estoy trabajando, deben ser los días, el cansancio, hace una hora ya que me escuece mi cuello, y dejo que siga, me quedo tan solo mirando y mirando, viendo la oscuridad y las luces circulares y oblicuas, es también una tortura, luego de mucho tiempo me rasco, con fuerza y me golpeo el rostro. El desvelo.

4.
Pero me desvelo en vano porque el director llegará recién el martes, y seguro llegará ocupado, es decir, lo que el cree que parece ser una gente ocupada, que va de un lado al otro de la habitación, que marca teléfonos, aunque casi todos están ocupados o no atienden, que habla rápido y termina la última frase abruptamente y mueve el cuerpo hacia delante y mira al reloj como si se dispusiera a correr, y luego otra vez de un lado para el otro de la habitación, pero nada, no me dirá nada, porque no verá nada, y la verdad es que tampoco me diría nada si lo viera, confía demasiado en mí, creo o, poco a poco su trabajo se le va haciendo ajeno. Pero no importa, aún me queda tiempo con la mujer de la pantalla.

5.
Rutina, ahora mi rutina. Editar, o sea, mirar la pantalla por una hora, oír la misma canción como 10 veces, “no puedo estar donde nunca iré” dice. Y me gusta y miro otra vez la pantalla, y se me ocurren un par de cortes que luego son más y no puedo parar, así como una convulsión, y luego observo la pantalla, entonces tal vez me veo como un pintor observando sus últimos trazos, entonces pienso que esa idea es bastante pretensiosa. Luego escapo a la ducha, y no sé del tiempo, solo no quiero sentirme un crustáceo pegajoso atado a la silla, atraído por el magnetismo, atraído como mosquito al calor permaneciendo como hipnotizado al computador, justo, para no sentirme así, solo por eso, empiezo a dar vueltas por toda la habitación.

6.
Son como, una, dos, tres y… cuatro vasos, es interesante pensar en la autodestrucción como pasatiempo, es interesante sabiendo que construyo y destruyo, entonces a la quinta copa, dejo la mesita del costado del cuarto, me cubro de una manta de lana, y con aire solemne vuelvo a la computadora, y con aire solemne empiezo a cortar en su sonrisa, en sus ojos, y luego en su cuerpo, emocionado ahora, agazapado como araña en el teclado, como arañando la pantalla con los ojos, como haciéndole el amor, arañándole también, rápido, cada vez más rápido, viendo una y otra vez, esa sonrisa, que es la misma y parece distinta en cada corte, y corte, fallo, corte, fallo, al ritmo, y luego un tiempo muerto. “Blue Taiwán” dice la canción, vuelvo a escuchar la misma, pero sigo con ella, y quiero hacer todo, y sigo con ella, todo al mismo tiempo. Entonces me detengo, observo la pantalla, retrocedo, observo, de lejos, vuelvo a observar, prendo un cigarro, inhalo, exhalo, y pienso en la autodestrucción sin dejar de ponerle los ojos encima.

7.
Siento que el sol sale, mi contacto con el suelo, mi condición de ente martirizado, pienso, me ha dado sensibilidades inusuales, minutos después salen los primeros rayos de sol, entonces la caverna no es ya la caverna, es tan solo un cuarto, sucio, desordenado, una mesa con cuatro copas medio llenas unas, otras vacías, una botella de singani casi vacía, un cenicero repleto de colillas y ceniza, una cama tendida, y yo en el piso mirando al techo, ya no es la caverna, es tan solo un cuarto, entonces decido que debo dormir un poco, no quiero verte, me cansé de verte toda la noche, en la cueva, vuelvo a hablar solo, eres una imagen de video en este cuarto, una imagen fuera de la caverna, eres tan solo una mujer, una mujer cualquiera, desconocida. “Las palabras que me guardo son el vidrio, las salidas son entradas para abrir del otro lado”, continua la canción, tenue, lo siento, ya al final.

2 comentarios:

Nathalia A. Ferrufino Méndez dijo...

luchito, te encontré :)
te leí, me gustó, te extrañé. Besos para ti

Beto Invisible dijo...

Saludos!!!
Es bueno volver aqui, y encontrarme con este post natural y cruel, acompañado por tan aguda banda sonora.


Viva el chocolate!!